La NASA dio un nuevo paso en su ambicioso objetivo de regresar seres humanos a la superficie lunar al presentar la etapa central del cohete que será utilizada en la misión Artemis III, considerada una de las fases más importantes del programa espacial estadounidense en las últimas décadas.
La estructura forma parte del cohete Space Launch System (SLS), el vehículo de lanzamiento diseñado para transportar astronautas más allá de la órbita terrestre y que desempeñará un papel decisivo en el retorno de la humanidad a la Luna por primera vez desde las misiones Apolo.
De acuerdo con información difundida por la agencia espacial y retomada por diversos medios especializados, esta etapa central representa la sección más grande y potente del cohete. Debido a su relevancia dentro del sistema de lanzamiento, la NASA la describe como la «columna vertebral» del SLS.
La pieza que impulsará la misión
La etapa central concentra gran parte de la estructura del cohete y es responsable de proporcionar la potencia necesaria durante los primeros minutos del despegue.
Entre sus componentes se encuentran los enormes tanques que almacenan hidrógeno y oxígeno líquidos, combustibles esenciales para alimentar los cuatro motores principales del vehículo. También incorpora el intertanque y la estructura frontal que conecta con las demás secciones del sistema.
Su función es crítica: generar el empuje necesario para sacar a la nave de la gravedad terrestre y colocarla en la trayectoria adecuada para iniciar el viaje hacia la Luna.
Tras completar su proceso de fabricación, la estructura fue trasladada desde el Centro de Ensamblaje Michoud, ubicado en Nueva Orleans, hasta el Centro Espacial Kennedy, en Florida. Allí comenzarán las labores de integración con el resto de los componentes del cohete que participarán en Artemis III.
Artemis III, la misión que marcará el regreso a la Luna
La misión Artemis III está programada actualmente para mediados de 2027 y representa el momento culminante del programa Artemis, la iniciativa impulsada por la NASA para establecer una presencia humana sostenible en la Luna y utilizar la experiencia adquirida como preparación para futuras expediciones a Marte.
A diferencia de las históricas misiones Apolo, Artemis III incorporará tecnologías desarrolladas por diferentes empresas privadas y requerirá una compleja coordinación entre múltiples vehículos espaciales.
El plan contempla que la cápsula Orión, encargada de transportar a la tripulación, realice una maniobra de acoplamiento en órbita terrestre antes de continuar el viaje hacia la órbita lunar.
Una vez en las proximidades de la Luna, los astronautas utilizarán uno o más módulos de aterrizaje para descender hasta la superficie del satélite natural.
Sin embargo, el calendario de la misión dependerá de que los equipos técnicos logren resolver diversos desafíos relacionados con los sistemas de propulsión, transporte y compatibilidad entre las distintas naves involucradas.
SpaceX y Blue Origin, protagonistas de la nueva carrera lunar
Uno de los aspectos más novedosos del programa Artemis es la estrecha colaboración entre la NASA y compañías privadas del sector aeroespacial.
Para las operaciones de descenso lunar, la agencia estadounidense ha confiado en dos empresas lideradas por algunas de las figuras más influyentes de la industria tecnológica.
Por un lado, SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk, trabaja en el desarrollo de una versión adaptada de Starship para misiones lunares. Este vehículo destaca por sus grandes dimensiones y está diseñado para transportar tripulación y carga entre la órbita lunar y la superficie del satélite.
La variante lunar de Starship alcanza aproximadamente 35 metros de altura y constituye una de las apuestas tecnológicas más ambiciosas de la exploración espacial contemporánea.
Por otra parte, Blue Origin, empresa fundada por Jeff Bezos, desarrolla el módulo Blue Moon Mark 2. Aunque presenta un diseño más compacto que el de Starship, comparte el mismo objetivo: permitir el transporte seguro de astronautas durante las futuras misiones lunares.
La participación de ambas compañías refleja un cambio significativo en la estrategia espacial estadounidense, que cada vez depende más de alianzas público-privadas para acelerar el desarrollo tecnológico y reducir costos operativos.
Un regreso con nuevos objetivos
Más de medio siglo después de que los astronautas del programa Apolo caminaran por última vez sobre la Luna, la NASA busca no solo repetir aquella hazaña, sino establecer las bases para una exploración más duradera.
El programa Artemis contempla la construcción de infraestructura en órbita lunar, el desarrollo de nuevas tecnologías para la supervivencia en entornos extremos y la obtención de conocimientos que puedan aplicarse a futuras expediciones tripuladas hacia Marte.
En este contexto, la llegada de la etapa central del cohete SLS al Centro Espacial Kennedy representa mucho más que el traslado de una gigantesca pieza de ingeniería. Se trata de un avance tangible en un proyecto que podría inaugurar una nueva era de exploración humana más allá de la Tierra.
Si el cronograma previsto se mantiene, Artemis III marcará en 2027 el esperado regreso de astronautas a la superficie lunar, un acontecimiento que promete convertirse en uno de los hitos científicos y tecnológicos más importantes del siglo XXI.
